sábado, 2 de junio de 2012

LOS TESTICULOS DEL JUEZ DIVAR SON TAN GRANDES QUE PODRIAN PROVOCAR UN ECLIPSE

                               

El magistrado, acusado de pagarse las vacaciones con fondos del CGPJ, asegura tener la «conciencia tranquila»




No, eso que veis suspendido en el cielo no son dos soles, son los testículos del Juez Dívar. Grandes, impúdicos y luminiscentes. Porque el Juez Dívar es un hombre “con carácter oficial”. Se levanta por la mañana “con carácter oficial”, se va a la ducha “con carácter oficial” y, sobre todo, se pega viajes en primera y cenas pantagruélicas con acompañante con noches en hoteles de lujo de Marbella incluidas “con carácter oficial”. Por cierto, que no os lo he comentado, “con carácter oficial” es el nuevo “PAGANDO EL CONTRIBUYENTE QUE PARA ALGO SOY JUEZ MECAGON MI MAZA”.
El Presidente del Supremo está acusado de malversar la cantidad equivalente a 20 desplazamientos de fines de semana caribeños a hoteles de Puerto Banús, y como es un hombre responsable, y éste un país serio, va a dimitir…
                                                              …
A ver, ¿quién es el primo que se ha creído esta última frase? ¿Tú? Venga, me copias cien veces en el foro de eljueves.es “no volveré a pensar que, en España, los altos funcionarios dimiten cuando se les pilla mangando”.
En realidad, el magistrado ha asegurado en rueda de prensa que no ha «cometido ninguna irresponsabilidad moral, jurídica ni política», y que no tiene por qué revelar quién era el acompañante en sus cenas «de carácter público» porque es una cuestión «de carácter reservado». Esta última afirmación ha molestado mucho a la señora de la limpieza, quien se ha visto obligada a retirar los sesos de los periodistas a los que les ha estallado la cabeza ante tal contradicción lógica.
Sea como sea, ir de vacaciones con el Juez Dívar tiene que ser muy díver:
- ¿Cuánto vale este pony?
- 6.000€, señor Juez.
                                                            
Pues me lo pones para regalo pa’ mi nieta CON CARÁCTER OFICIAL.
Así va por la vida este hombre. Entra en los restaurantes, es conducido por el maître hasta la mejor mesa, le toman nota: Oye, majo, ponme un whisky 30 años y un filete de delfín, que me los voy a tomar “con carácter oficial”- y revienta en una sonora carcajada mientras pega sobre la mesa golpes muy veloces y muy cortitos con su martillo de juez. ¡Ja-ja-ja! ¡Tac-tac-tac! Porque el Presidente del Tribunal Supremo ha perdido de vista la fina línea que existe entre defender la ley y ser la ley. O si la ha visto, se la ha estado pasando por el forro de la toga.

                        

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