jueves, 9 de mayo de 2013

2012

Una pensionista contra el banco de la esquina

sr director
Hace un tiempo, mi vecina María, a la que todavía no tengo el gusto de conocer, se tomó la molestia de escribir con su caligrafía de posguerra un mensaje al director del banco de la esquina.  Sólo nuestros abuelos son capaces de reutilizar el dorso de los tickets de compra para elevar una queja a la sucursal de la Caixa “azul” que gobierna los bolsillos del barrio. En tiempos de subidas de impuestos y bajadas de esperanzas, un puñado de letras escritas con la bilis de una pensionista me sirvieron para recordar que la austeridad no consiste en quitarse de nada, sino en saber aprovecharlo todo.
María tiene 78 años y, a juzgar por lo que anota con pulso firme,  es una más de las personas mayores afectadas por las preferentes. Según mi vecina, la empleada del banco (a.k.a. “la cantamañas de la Denis”) no le advirtió del riesgo que conllevaba invertir en el citado producto bancario. Cuántas veces en los últimos meses hemos oído esta historia. Lejos de ser un pueblo que se retroalimenta nos hemos convertido en una sociedad que busca carroña a cualquier precio. No soy capaz de intuir el nivel de desesperación de la señora María al enterarse de que no podría sacar el dinero que había conseguido ahorrar durante toda una vida. Ya se sabe, a río revuelto ganancia de especuladores. Supongo que María, antes de recurrir a su mensaje, optaría por pedir explicaciones a pie de ventanilla y solicitaría soluciones educadas y de buena fe.
Sin embargo, por mucho que pueda estirarse,  la paciencia de una generación que ha vivido el hambre no es infinita y María acabó por estallar en su pequeña revolución inadvertida. Quizás el papel se cayó o la señora de la limpieza que adecenta la sucursal antes de que lleguen los clientes eliminó el mensaje de María sin que el Sr. Director llegara a leerlo nunca. Quién sabe, tal vez Denis no imagina que su cabellera corre el peligro de ser arrancada mientras sus vaqueros se arrastran calle arriba. El caso es que siento que le debo esta ventana al gesto de María que, con su pequeño mensaje, me ha demostrado que no importa la edad que uno tenga mientras haya gente que quiere luchar para cambiar su mundo. Y ojo, que ella tiene el ticket.

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